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(Todo esto sucedía en una ocasión de
remates)... estaba sucio y empolvado y el rematador pensó que por su escaso
valor no tenia sentido perder tanto tiempo con el “Viejo Violín”, pero lo
levanto con una sonrisa, “Haber señores: ¿Cuánto dan por este violín?, un
dólar, dos dólares, tres dólares, haber quien da más”, tres dólares a la
una, tres dólares a las dos,... y desde el fondo de la sala un hombre canoso se
adelanta y recoge el Arco, luego después de quitar el polvo del viejo violín y
estirado las cuerdas flojas... toco una melodía dulce, pura, como un coro de ángeles...
de ese violín viejo, sucio, empolvado... todos callaron; hasta que ceso la música.

Y el rematador con una voz silenciosa y
baja dijo: “ Haber, ¿Cuanto me
dan por este violín? $ 1000, $2000, $3000”, $3000 a la una, $3000 a las dos,
$3000 a las tres ¡Vendido¡.
La gente aplaudía, pero algunos dijeron,
no entendemos bien que cambio su valor, la respuesta no se hizo esperar... La
mano del maestro.
Y es que más de un hombre, más de una
persona en la vida tiene la vida desafinada, golpeada y marcada por el pecado,
por los problemas como el viejo violín, se remata barato a la multitud incauta
por un plato de lentejas, una copa de vino,
un juego y sigue viaje y se va a la 1, a las 2 y casi se fue; y de pronto
llega el MAESTRO y la tonta multitud no llega a entender por completo el valor
del alma y el cambio que elabora... La mano de un maestro.
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